Autogestión comunitaria en Alde Zaharra de Gasteiz

En anteriores entradas hemos señalado que una de las cuestiones que pretendemos abordar en este blog es la de intentar acercarnos a las diversas –y a menudo contradictorias entre sí- formas de entender algunas “ideas, conceptos o etiquetas” que habitualmente acompañan los textos, declaraciones o propuestas relativas a la/s comunidad/es vecinal/es. Uno de ellos (o dos, porque el concepto es doble) es sin duda el de Autogestión. Y ese acercamiento (un simple inicio de un análisis y debate abierto que necesariamente habremos de proseguir en otros posts) al concepto de Autogestión, en este post en concreto centrándonos en las llamadas Autogestión Social y Autogestión Comunitaria, vamos a hacerlo de la mano de varios textos, esperamos que no especialmente complicados de entender por la mayoría, y que nos facilitan una más que interesante bibliografía para quienes queramos profundizar.

La autogestión social

En uno de esos textos “accesibles” (La Autogestión Social en la práctica comunitaria: Encuentros, resistencias y participación) Alejandro Montero S., el autor, se pregunta:

Actualmente la palabra autogestión se ocupa desde el ámbito empresarial, educacional y sobre todo en los programas y proyectos que promueve el Estado, realizando intervenciones sociales, promocionando la autogestión, pero, ¿tenemos claro, realmente que es la autogestión y que conllevaría su puesta en marcha?,

Su respuesta a esta pregunta comienza por demostrar cómo la Autogestión está siendo ya (principalmente en Latinoamérica) otra de esas palabras que el Poder arrebata a los movimientos populares para, apropiándose de su cobertura (el nombre, lo que más “se ve”), vaciarla de contenido:

Múltiples y dispares usos de la palabra “Autogestión”.
Al hablar de autogestión se viene inmediatamente la idea: “la propia persona contribuye y se organiza para su efecto”, esta es una orientación que, más menos, todos manejan, al referirse a la palabra genérica, pero para entender su significado hay que remontarse indiscutiblemente a la historia social del término, donde su nacimiento y su posterior popularidad, surge a partir de procesos sociales guiados por movimientos de emancipación (obreros de Europa que a mediados del siglo XIX) buscaban una transformación del modo de producción económica capitalista, generadora de alienación y de grandes desigualdades sociales. Desde la oposición al Estado y al capital, se fue popularizando el término hacia esferas que no venían de procesos sociales de redención social, sino más bien, desde instituciones gubernamentales y privadas (empresas).
Se evidencia hoy día, que la palabra “Autogestión”, es muy nombrada pero poco profundizada, a lo que Alejandra León[1] se refiere que parece un término obvio o unidimensional. Quedando poco claro que es en sí, siendo más una multiplicidad de prácticas que no tendrían una conexión directa dado que para un programa de una empresa o del Estado, entender la autogestión es muy diferente, a lo que se realiza desde los sectores populares y autónomos, siendo estos grupos, una apuesta de apropiación de espacios ciudadanos, para criticar, proponer y construir, desde herramientas de regeneración del tejido social, como de lucha y oposición al sistema capitalista neoliberal.
Existiendo igual, un cierto matiz común entre estas prácticas diversas, donde se evidencia una orientación pro social con fuertes lazos comunitarios, siendo el componente negativo, la apreciación que tienen las personas que utilizan la terminología y su consecución práctica: “Es como si quienes lo usan se apropiasen de él pensando: si no me preguntan lo que es, yo lo sé; si me lo preguntan, no lo sé”. [2]Sembrando ambigüedad y poca precisión.

Para facilitar la aclaración de términos, nos ofrece un resumen de la clasificación, tomado de dos interesantes fuentes [3]

Autogestión libertaria: Es el primer sentido de autogestión que surge en la historia, donde la producción de grupo sin líder, organización horizontal, democracia directa y gestión colectivizada, son el motor de su funcionamiento, mayores elementos de análisis serán abordados más adelante,
dado que este tipo de autogestión es el eje de este texto.
Autogestión estatal: Es generada , promovida por el gobierno, siendo implementada de arriba hacia abajo en términos jerárquicos y de plataformas gubernamentales, donde el estado promueve su desarrollo y estudio, buscando la decisión comunitaria, apuntando solo a una cierta autonomía de las personas, dentro de los límites que otorgaría la dirección gubernamental.
Autogestión liberal: Se refiere a la toma de decisión del trabajador en su unidad productiva en el proceso, como resultado de la división social del trabajo al interior de una empresa. Siendo establecido un cierto autocontrol del trabajador, solamente para delegar el poder para solo aumentar la productividad e incrementar la ganancia del empresario, sin que ellos pierdan el control.
Autogestión sin patrón: Basado en la no existencia de un dueño y de un proceso de vaciamiento patronal de las empresas. Antecedentes de este tipo de organización se dan en los consejos obreros del siglo XIX. Los problemas que acarrean este tipo de autogestión sin patrón son: metodología autoritaria y jerárquica muchas veces es igual a la de una empresa con patrón, manteniendo además las consideraciones de trabajo, salario y en muchos casos se debe asumir los costos de la empresa que dejo el capitalista. En otro sentido a la apropiación de los medios de producción, es constituyente de una acción directa, hecho considerado como un acto político, pero esto se diluye en el tiempo, porque solo se queda estancado en la reivindicación del trabajo asalariado como derecho, pero muere por qué no lucha por la transformación social
Autogestión agente externo: Promovido y guiado por personas de fuera (otra clase social, nacionalidad, profesión, partido, entre otros) que gerencian la obtención de recursos para la iniciativa, y con quienes se configuran relaciones encubiertas de poder, acá recae la idea de la vanguardia. El dinamismo de esta categoría se presenta por que puede variar dado que alguien de afuera puede promocionar la autogestión, y en el instante siguiente, adoptar un rol de agente externo
de director/a. este grupo externo también puede volverse un estado constante, de conflictos entre internos y externos, en la toma de decisiones.
Autogestión micro comunitaria: Es una especie de protoautogestión, donde una agrupación de personas que espontáneamente o sugeridas por algún colaborador (profesional, religioso, líder comunitario, etc.). Organizan un emprendimiento de acciones, bienes, servicios, ideas, o reivindicaciones que les afectan, con fines comunitarios. Es un proceso corto en el tiempo, inclusive solo puede durar un par de días, no presentando una propuesta política de cambio social, dado que sus intereses recaen en trabajar para la concretización de una necesidad sentida

Y, tal y como prometía, posteriormente profundiza en el concepto de Autogestión Social:

La Autogestión como concepto de cambio social
La autogestión social es un nuevo concepto alternativo de trabajo comunitario, donde la particular metodología permite la inclusión y participación de actores sociales, generadores de articulación a partir del encuentro, coordinación, metas y avances junto a sus pares, dejando atrás la idea que un grupo y/o institución tiene que tener un director o jerarquización para que pueda funcionar, lo que no se dice es que es indiscutible que un sujeto se maneje por conocimientos técnicos como populares.
“Lo que queremos decir con esto es que la autogestión es como aprender a leer, lo cual únicamente es posible leyendo”.
En este sentido la primera década del siglo XXI, se ha presentado impetuosa en una nueva generación de personas, dispuestas a experimentar y ejercer elementos organizativos, en el plano autónomo

Montero nos facilita también una serie de preguntas que nos pueden ayudar a reflexionar sobre algunas de las características principales de la Autogestión Social:

María de Fátima Quintal de Freitas (2002)125, realiza algunas preguntas que nos podrían ayudar establecer ciertas reflexiones necesarias para este concepto. ¿En qué medida nuestras prácticas, en contextos y dinámicas comunitarias pueden, de hecho, contribuir a la transformación social?
Este concepto va en dirección opuesta a la institucionalización gubernamental de los trabajos de intervención comunitaria denominados por Fátima Quintal de Freitas, como “deseados, permitidos y correctos”, ¿se trataría de trabajos pro-transformación o pro-mantenimiento? , la respuesta seria, dado el carácter de la Autogestión, crítico y de querer transformar a la sociedad en busca de elementos dialécticos radicales, seria transformación, de ahí la pregunta ¿cómo se podría realizar esto?.

En otra versión parecida de su trabajo ( La Autogestión como perspectiva de Cambio Social) aborda una cuestión que, con cierta frecuencia aparece en las iniciativas conjuntas que como Comunidad Vecinal se llevan a cabo en el barrio: el de la relación entre iniciativas autogestionadas y el poder institucional:

Es necesario el establecimiento de las bases y nociones para la generación del denominado “cambio social”, es por ello que al trabajar con este concepto es importante tener claro su nacimiento, dado que permite tener una orientación – brújula-, que ayude ha determinar si es autogestión o heterogestión. “Como ejemplo; puede ser un grupo que trabaje a partir desde este concepto y participe de fondos concursables”, aquí establecería la incongruencia, dado que no se puede estar haciendo autogestión, si se busca, los beneficios del Gobierno, dado que la visión de cambio social, va en la perspectiva que el mismo pueblo organizado, es el motor de organización y de articulación, a partir de su lucha cotidiana, lucha que va en relación a la articulación de una nueva subjetividad individual y sobre todo colectiva. Por ello que el autofinanciamiento a través de actividades y/o aportes de sus participantes, como de la comunidad, es la fuente de financiamiento, así se corta la dependencia gubernamental y asistencialista de los programas sociales, en donde tan acostumbrados están las organizaciones de bases en nuestro país.
(…) Así este tipo de articulación comunitaria, no se podría gestar a partir de beneficios estatales, tampoco desde una mirada paternalista sobre las intervenciones sociales, lo que busca es la “gestión social”, desde el mismo pueblo, por ello es necesario que el pueblo se organice, para así cortar lentamente con la burocracia y el Estado.
Retomando la idea sobre la brújula, que se debe utilizar, en relación al uso del concepto planteado, este debe interpretar la realidad, para su posterior cambio colectivo, por ello que esta dirección va, hacernos cargos de nuestras vidas, por eso que se apela a la autonomía, así lograr espacios colectivos que permitan que cada individuo pueda vincularse con el resto y generar otros valores, opuestos a lo que entrega este sistema capitalista neoliberal. Otro punto con la idea de brújula, es que esta opción no busca una mirada de voluntariado en la acción social, dado que el voluntariado es pacifico y asistencialista, en cambio la autogestión, intervine desde los espacios públicos y privados, apropiándose de dichos espacios, para la configuración de tejido social, como también de lucha frontal con el capitalismo, haciendo directa las relaciones sociales, al revés de lo que busca la democracia representativa, siendo en este caso la utilización de la democracia directa, donde todos los involucrados intervienen y deciden, eliminado las divisiones, como de paso la burocracia.

Para, finalizar su trabajo con una definición mucho más clara de Autogestión Social:

El concepto de Autogestión, enunciado a mediados del siglo XX, traduce otro que era central para el socialismo libertario clásico, el de autogobierno, según el cual todos nosotros -como ciudadanos o trabajadores- podemos prescindir de la burocracia y del Estado en la gestión social.
Apoyo mutuo, horizontalidad, democracia directa, organización federativa en torno al trabajo de la autogestión, propiedad colectiva, autoorganización, son la metodología de este concepto. “La autogestión es una expresión de la lucha y organización autónoma de clase”, es por eso que es social.
Entonces podemos decir que estamos enfrente a una nueva metodología en torno a lo comunitario, muy diferenciada de aquella psicología social institucional, y discreta, desde su posición ideológica como de su objetividad a ultranza, claro está, que dependerá de estos mismos espacios alternativos, al establecimiento de su desarrollo, consistencia, difusión, como también su coherencia y legitimación con lo social.
(…) Aquí recaería la importancia de la autonomía en estos “espacios alternativos”, donde la intervención social, pasa para nosotros como una herramienta que busca subvertir las lógicas clásicas de la dinamización comunitaria y promocionar valores opuestos a lo que está entregando este modelo neoliberal, entonces cabe la pregunta ¿ tendrá sentido este trabajo comunitario?, ¿será este concepto, una opción real para el denominado cambio social, que es nombrado en la mayoría de los textos en el área social-comunitaria?
Aquí están, los desafíos de la autogestión social, en cada unos de estos espacios colectivos a lo largo del país.

La Autogestión Comunitaria

Centremos ahora la mirada en un perfil más comunitario (y tradicionalmente ‘político’) del concepto de autogestión, usando como guía al trabajo de Omar Guzmán, Tamara Caballero y Bertha Alicia Vázquez cuyo título da nombre a este largo post: En torno a la definición de la autogestión comunitaria. Las autoras comienzan por señalar algunos de los problemas que aparecen a la hora de abordar la definición de Autogestión Comunitaria:

Existe la tendencia a considerar los estudios de comunidades como desligados de los procesos que ocurren en el país, la región geográfica y el mundo en que se encuentra insertada la misma.
También, se suele vincular generalmente a la lucha contra la pobreza y la marginación, ignorando el análisis de en virtud de qué condiciones otras comunidades desarrolladas e integradas a la vida económica, política y social del país y del mundo pudieron o no estar en los caminos de la autogestión comunitaria. De la misma manera, el propio concepto de comunidad tiende a considerarse desde una perspectiva microsocietal de pequeñas escalas e incluso de territorios separados real o ficticiamente del resto del municipio, país o mundo que son también comunidades en una visión macrosocietal, y para las cuales también es aplicable la autogestión.
El propio concepto de autogestión comunitaria no se encuentra ni muy tratado ni ampliamente definido en la bibliografía sobre el tema, lo cual puede estar dado en que –como ya decíamos anteriormente- el término autogestión se encuentra muy vinculado a la autogestión laboral, aunque sin lugar a dudas se puede aplicar también a las comunidades.
(…) Así que la autogestión no puede ser definida desde el punto de vista científico por su mero significado etimológico, ya que el mismo puede ser engañoso. Resulta insuficiente considerar el término autogestión desde la mera consideración de que el prefijo auto significa uno mismo o por sí mismo, y gestión como administrar o también como hacer diligencias para conseguir algo, como puede ser un producto o un servicio13; así se difunde el término autogestión con una vaguedad simplista. Esto llega a su extremo cuando se le añade la palabra comunitaria, suponiendo, entonces, que autogestión comunitaria es que la comunidad realice por sí misma su administración o diligencia para conseguir algo –lo cual es cierto-, pero como si la comunidad existiera por sí sola en un medio socio-económico y político y careciera de un entorno complejo para su realización.
La amplia difusión del término autogestión con multitud de significados lo ha hecho caer en una caída semántica de la cual son también víctima términos como democracia, libertad, socialismo, de difícil comprensión desde su propia formulación. El destino de estos últimos términos está comprometido en su esencia con la autogestión, pero no significan lo mismo. Un proceso de autogestión debe ser democrático, libertario y socialista, pero ¿qué entender por democracia, libertad y socialismo?

A todo ello le añaden la cuestión de los pre-juicios con los que a menudo se contempla este concepto por quienes no comparten:

La idea de un análisis simple del concepto de autogestión se complementa con la idea de que la autogestión es vista como la utopía de algunos ingenuos que en una huida de la realidad no alcanzan a captar el tejido complejo de la realidad, pletórico de contradicciones y momentos tan muy visibles como de otros muy poco visibles, pero todos importantes por igual, y que hay que tener en cuenta a la hora de ejercer el poder de manera autogestiva. Incluso, la autogestión comunitaria presupone que estamos frente a un término de naturaleza política, lo cual entraña tener en cuenta todos los elementos de la ecuación política en la que está implicada la comunidad si no queremos crear una estructura de poder aislada o independiente de las estructuras política del país

Pero, al mimso tiempo, denuncia también la ‘alegría’ con la que desde algunos sectores (incluso institucionales o parainstitucionales) se declaran autogestionarios estando su práctica muy lejana al contenido del concepto:

Por consiguiente, se hace necesario redefinir el concepto de autogestión. Para ello eliminaríamos la falsa idea de que la mera participación de un grupo social o comunidad en su destino significa autogestión, ya que hablar de participación o de autogestión debe tener en cuenta a quienes dominan y controlan los ámbitos de decisión y quienes, por el contrario, están excluidos y marginados de los mismos; esto nos hace pensar, en primer lugar, en una definición de autogestión desde su aspecto negativo, para poder luego definirla desde su aspecto positivo.
Desde esta posición negativa, la autogestión no puede significar otra cosa que una repulsa de participación y una destrucción del modelo de dominación imperante, porque en el contexto de sistemas de poder que eliminan la creatividad y libertad de hacer y decir de los individuos “participar en como contribuir a que se consolide y sobreviva un sistema ordenado sobre la base de valores que son extraños a los intereses reales de los productores (y comunitarios- autores) y que incluso los transforman en consumidores permanentes de su propio trabajo alienado.
Desde éste punto de vista la participación no implica autogestión, ya que se está participando en el marco de las normas, valores, principios, y orientaciones de quienes están ejerciendo el poder, del cual se encuentran alienados esos individuos y comunidades.
Participan no ya en el modelo socio-económico surgido desde su propia creatividad, sino desde los intereses de quienes ejercen el poder.

Tras todo ello, las autoras proponen una definición de Autogestión Comunitaria:

La autogestión comunitaria constituye un proceso político relacionado con el ejercicio del poder con el consenso de sus más variados componentes sociales e individuales, con plena conciencia de regencia de su destino a partir de la satisfacción de sus necesidades e intereses y sin la aceptación de la dominación de los centros de poder internos o externos a esta base comunitaria, vinculada creativamente con los restantes ámbitos de poder en diferentes instancias del país (municipio, región, provincia, estado), con una participación democrática, que incide en esos distintos ámbitos de poder para beneficio de la comunidad a través de asociaciones de interés surgidas de movimientos sociales, organizaciones de masas, consejos de líderes, sociedad civil, etcétera, con el objetivo de crear políticas públicas y transformaciones sociales que repercutan en su desarrollo. La autogestión comunitaria, potencia la participación desalienada y creativa de la comunidad, previa interpretación e instrumentación creativa de las políticas implementadas en diferentes instancias del país, retroalimentado y cambiando las mismas a partir de la inclusión de todos los agentes y estructuras sociales comunitarias para promover el desarrollo sostenible y la democracia descentralizada de abajo hacia arriba.

Dos palabras sobre las ‘apropiaciones’ del concepto de autogestión.

Al inicio de este largo texto advertíamos de que “La Autogestión está siendo ya (principalmente en Latinoamérica) otra de esas palabras que el Poder arrebata a los movimientos populares para vaciarla de contenido”. Pues bien, no queremos terminar estas líneas sin reincidir en ello, valíéndonos nuevamente de la experiencia Latinoamericana que, también en las cuestiones negativas de la autogestión parece llevarnos la delantera. Convirtámosla en ventaja para prepararnos ante lo que nos viene y saber hacerle frente para desenmascararle y reivindicar el sentido profundo de la autogestión.

Para darnos cuenta de la dimensión que está tomando el asunto, aportamos tan sólo los links de dos trabajos cuyo simple título resulta ya bastante aleccionador.

El primero es un texto denominado AUTOGESTIÓN Y DESARROLLO EMPRESARIAL
Guía de estudio publicado por la Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica. El porqué y los objetivos de la guía se presentan en un breve párrafo:

Esta guía de estudio fue confeccionada en la Uned, en el año 2011, para ser utilizada en la asignatura “Autogestión y desarrollo empresarial”
La presente guía ha sido diseñada con la finalidad de orientar al estudiante, permitiéndole enfocarse en los temas de mayor interés para el logro de los objetivos planteados, en el curso de Autogestión y Desarrollo Empresarial.
El objetivo de este curso es que usted conozca el rol de un emprendedor y los pasos por seguir para implementar una empresa con todos los elementos necesarios para su puesta en marcha.

El segundo texto es más impresionante aún. Elaborado en Santo Domingo en 2014, ya sólo su título es demoledor, y no precisa más comentarios:
Propuesta para un estructura de auto-gestión en la Policía Nacional como mecanismo para ampliar su capacidad operativa (primera de tres entregas)

En lo mucho más próximo, contamos con varios casos llamativos, uno especialmente esperpéntico. Sucedió hace ahora tres años cuando la por entonces concejala de cultura de Maroto, Encina Serrano, para justificar el recorte de subvención a Gauekoak, hacía casi un llamamiento público a la autogestión:

«Puede existir otra fórmula, la autofinanciación o la autogestión. Nosotros no tiraremos la toalla y cederemos todos los espacios que hagan falta»,
(http://www.elcorreo.com/vizcaya/v/20120626/alava/falta-financiacion-deja-aire-20120626.html)
(El Correo 26-06-2012)

Si ya era surrealista la declaración de la edil popular, lo estrambótico surgía al comprobar que quien desde Gauekoak le decía que no, que lo que querían eran subvenciones, era el hoy en día responsable de Podemos en Gasteiz:

El presidente de la federación de Gauekoak, Fernando Iglesias, no ve tan claro ese futuro. «Si no tenemos el apoyo del Ayuntamiento no podemos mantener el equipo de trabajo, y sin él no podemos hacer nada»

Lo dicho, conviene ir aclarando nuestros conceptos, y dejar de utilizarlos como meras coletillas o etiquetas, para llenarlos de contenido, única manera de que un uso torticero y manipulador por parte del Poder consiga aparentar que cambia la realidad, tan solo cambiándole el nombre.

Aurreko paragrafoetan esan dugunez, gure asmoa da hausnarketa bide honetatik jarraitzea eta sakontzea. Eta, jakina, behin eta berriz azpimarratzen dugunez, zuen parte hartzearekin bada (testuak edota iruzkinak bidaltzen) askoz hobeago eta aberatsago.

Terminemos el post con un video gratificante, el que nos proporciona el blog “metiendo ruido” de una curiosa iniciativa llevado a cabo de forma autogestionada, y que nos hará recordar algunas iniciativas autogestionadas llevada a cabo en nuestra Alde Zahrra.

Experiencia de autogestión comunitaria en la octava región

El siguiente material audiovisual muestra la experiencia de autogestión comunitaria organizada por varias organizaciones e individualidades en el sector de Dichato-Tomé, en donde se produjo un trabajo conjunto entre comunidad y estudiantes para el traslado de una vivienda para efectos de distintas actividades como un pre-universitario popular y un futuro taller de serigrafía.
El inmueble se trasladó desde el sector del campamento El Molino de Dichato hacia la población Bellavista de Tomé, en donde se perfila como una sede comunitaria para proyectar la organización del territorio. En definitiva como un espacio libre para la comunidad.
Un pequeño vídeo que, más que mostrar la recurrente denuncia a la que estamos acostumbrados por parte de los movimientos sociales, expone una propuesta de acción, algo siempre necesario.

1. Alejandra León. Reflexões sobre Autogestão e Psicologia Social Comunitariana América
Latina. Revista de Psicología Social e Institucional -PSI.Universidade Estadual de Londrina. Paraná, Brasil.1999
2. Alejandra León. Guía múltiple de la autogestión: un paseo por diferentes hilos de análisis
3. A las ya comentadas de Alejandra León hay que añadir la de Cristóbal Tabilo “La Autogestión Económica”. Mesa Redonda: La Autogestión como herramienta de cambio social. VIII Congreso de Estudiantes en torno a la Psicología Social Comunitaria. 13 de Octubre. Valparaíso, Chile