Tras el título de Buen Vivir y descolonialidad. Crítica al desarrollo y la racionalidad instrumentales (editado por la Universidad Autónoma de México y el Instituto de Investigaciones Económicas) encontramos otro de los ejemplos de la sana costumbre latinoamericana de las obras “escritas a muchas manos” (algunas de ellas “manos conocidas” en KTT, como Mina Lorena Navarro, pero otras muchas “nuevas amigas”), ejerciendo de Coordinador de la obra Boris Marañón Pimentel.

El libro está dividido en dos grandes partes, una primera, que agrupa 5 Capítulos, aborda principalmente las cuestiones teóricas relacionadas con el Buen Vivir, la Colonialidad y Descolonialidad; y otra segunda, que cuenta con 6 Capítulos, recoge casos concretos donde ese discurso parece haberse hecho práctica.

Cabe reseñar como punto de partida a tener en cuenta antes de emprender la lectura del libro (o de alguno de sus capítulos) la constatación/denuncia que el propio Boris Marañón realiza en su propio capítulo:

El Buen Vivir está siendo, como toda propuesta política, sujeto
de disputa, de apropiación, entre fuerzas políticas y sociales
diversas, razón por la cual es indispensable ubicarlo en una
perspectiva anticapitalista y descolonizadora, al cuestionar radicalmente
el progreso y el desarrollo como meta histórica por
alcanzar. El Buen Vivir implica desde la razón liberadora y solidaria
una resignificación de la vida social, del modo de producir,
consumir, gobernar, sentir, pensar, conocer.
La producción y uso del conocimiento deben ser descolonizados,
10 lo que se puede hacer estudiando las prácticas sociales de
instituciones y movimientos sociales que van forjando un nuevo
horizonte de sentido histórico y, como parte de este, una manera
nueva de concebir la economía, que parte del respeto a la naturaleza11
y se orienta a la desmercantilización de esta, de la vida y
del trabajo.

Destacamos de la parte teórica del libro (los capítulos sobre las prácticas son una perfecta herramienta para trabajar nuestra imaginación), partes de su introducción como:

Ante el malestar de la vida en el capitalismo expresado no solo
en materia económica, social y ambiental, sino también en la
creciente pérdida de sentido respecto de las ideas/imágenes fundamentales
del mismo (Estado, democracia representativa, mercado,
acumulación privada, familia patriarcal, interés individual
egoísta, entre otros), la discusión respecto de las racionalidades,
se ubica como un asunto de suma relevancia.
Esta revisión requiere, en primer término, explorar los fundamentos
del conocimiento científi co, positivo-eurocéntrico, y
plantear sus limitaciones para dar cuenta de los problemas de la
realidad social contemporánea, como el desempleo estructural
y la creciente destrucción de la naturaleza, entre otros. El eurocentrismo,
con sus pretensiones de universalidad y de único conocimiento
válido, legitima el poder del capital y naturaliza los
procesos sociales, lo que clausura la posibilidad de pensar en la
transformación social más allá de los límites que impone el capitalismo.
Asimismo, las múltiples separaciones –incluidas las disciplinarias–,
impiden ver la compleja trama de relaciones de poder
que se teje en las diversas dimensiones de la vida social y, en esa
medida, las posibilidades de transformación societal.
De ahí la necesidad de acercarse a formas de conocimiento
crítico, que contribuyan a entender la compleja realidad social y
a prefi gurar –a partir de diversas prácticas ya en curso– una
sociedad donde los individuos sean libres y socialmente iguales,es decir, que tengan un lugar igual en las relaciones sociales de
poder, de manera que desaparezcan las jerarquías sociales que por
siglos se han legitimado y “naturalizado” a partir de ciertas diferencias
biológicas (patriarcalismo) y supuestas diferencias biológicas
(racismo); donde se reconozcan las especifi cidades históricas
de cada espacio/tiempo, por ejemplo, las herencias coloniales de
América Latina y se planteen alternativas acordes con las características
y problemas de dichos espacios/tiempos, que surjan
desde la interculturalidad o la ecología de saberes

Resaltamos también el Capítulo de Sergio Tischler y Mina Navarro, que arranca con los siguientes párrafos:

Al hacer un trazo general de la relación entre capitalismo y comunidad
no vamos a encontrar reciprocidad y armonía sino un
campo de fuerzas antagónicas. El proceso de totalización de la
vida social, que es propio del capital, trae consigo la necesidad,
convertida en tendencia objetiva, de destruir las formas comunitarias
de existencia campesina mediante un proceso en el que los
lazos sociales articulados en la centralidad del valor de uso de las
cosas y la naturaleza son quebrados y sustituidos por la centralidad
del dinero y las relaciones sociales mercantilizadas. La
comunidad campesina, debilitada y asediada por este proceso,
tendencialmente es reemplazada por una comunidad abstractade relaciones impersonales de dominación mediadas por el dinero.
La separación entre economía y política, indicador fundamental
de la llamada modernidad, es una relación que obedece
a esa lógica del poder social. Este proceso va acompañado de la
expropiación territorial de la población campesina por parte del
capital, que comienza con la llamada “acumulación originaria
de capital” y se extiende hasta nuestros días como parte de la acumulación
capitalista.
Sin embargo, la negación por parte del capital de las formas
comunitarias como centro de la reproducción de la vida social no
se restringe al proceso destructivo de la comunidad campesina
–el cual se caracteriza por la expropiación y desposesión de la
tierra– en tanto principal medio de producción. La negación se
encuentra también en y es constitutiva de las relaciones de explotación
y dominio basadas en el trabajo asalariado. En ese sentido,
se puede decir que el capital es la afi rmación de un tipo de
comunidad antitética de las formas tradicionales de comunidad y
de la comunidad humana que proclama su realización mediante la
supuesta emancipación del “individuo” y la consagración del
ciudadano. El capital es la “comunidad” del dinero, de las cosas,
una comunidad abstracta en la que el individuo no se entiende en
términos de autodeterminación real sino de personifi cación.
Ahora bien, el capital, negación y antítesis de la comunidad
en los términos planteados, no puede reproducirse sin la comunidad
humana. Precisamente por ello el capital es negación viva
de la comunidad humana, negación actual, y no una negación añeja
y muerta que haya quedado en algún punto de la historia. Como
tal, también señala a contrapelo la potencia emancipadora. La
comunidad humana negada en la comunidad abstracta es una relación
de resistencia que tiene un plus frente a lo dado, es decir, un
horizonte de futuro que se construye en negación de la forma de
la comunidad abstracta del capital.

Nos parecen muy interesantes las reflexiones de Dania López Córdova acerca del concepto de Reciprocidad, entre las que se encuentran éstas:

La reciprocidad ha sido abordada principalmente desde la antropología
y en perspectiva evolucionista, pues en general se
consideraba como algo exclusivo de las llamadas sociedades primitivas,
y que inexorablemente estaba condenada a desaparecer.
Sin embargo, existen estudios contemporáneos que muestran la
vigencia de la reciprocidad en países y ámbitos diversos,9 no solocomo regalo, como don, sino como el lazo social que articula la
vida social en importantes segmentos de la población. De ahí la pertinencia
de problematizar en torno a esta categoría, considerando,
además, la posibilidad de que la reciprocidad sea el eje de las
relaciones sociales en una sociedad anticapitalista.
No está de más señalar que esta discusión busca brindar algunos
elementos que ayuden a comprehender prácticas en curso,
y no quedarse solo en conceptos abstractos; además, se reconoce
que los mismos pueden ser despojados de su contenido emancipador.
Por ejemplo, la solidaridad –que etimológicamente
proviene del latín solidus–, originalmente hacía referencia a una
relación de reciprocidad simétrica:
[…] una relación horizontal entre personas que constituyen un grupo,
una asociación o una comunidad […] en condiciones de igualdad
[…] un vínculo especialmente comprometido, decidido, que
permanece en el tiempo y que obliga a los individuos del colectivo
que se dice solidario, a responder ante la sociedad y/o ante terceros,
cada uno por el grupo, y al grupo por cada uno [Razeto, 2005].10
Sin embargo, se ha utilizado para designar asistencialismo y
caridad.11 Asimismo, la reciprocidad ha sido abordada desde la
vertiente del capital social, en torno a la cual existen diversas
críticas. Se señala que no está presente el asunto del poder y se
adopta el lenguaje de la economía clásica como símbolo del
supuesto triunfo del capitalismo, lo que cierra el debate sobre
lo deseable y lo sustituye por otro que se centra en la gestión de lo
existente. El fortalecimiento o empoderamiento se refi ere a fuerzas
dinamizadoras relacionadas con el crecimiento y el desarrollo,
pues apoyados en valores, se alienta a las comunidades a participar
en intercambios de tipo capitalista y se pretenden abordar lasrelaciones sociales desde un análisis economicista. Martins
[2012] va más lejos al plantear que el capital social es una “teoría”
utilitarista que signifi ca la recolonialidad de los estudios sobre
redes sociales. Es pertinente, por tanto, tener presente cómo son
disputados y apropiados los conceptos, los cuales deben estar
sujetos a un escrutinio permanente y a observación directa en las
prácticas sociales. Asimismo, no se trata de idealizar o ideologizar
la reciprocidad, pues es importante considerar que algunas
formas de reciprocidad vertical conducen a la alienación y dependencia.

Y, aunque incorporadas a la parte de “prácticas”, no queremos dejar de resaltar también algunos de los análisis sobre las economías solidarias que realiza Mario Bladimir Monroy Gómez, como por ejemplo estos:

Podemos afi rmar que las economías solidarias –así en plural, ya que se expresan en numerosas experiencias de hacer economía en sus diversas fases
de producción, distribución, consumo y posconsumo– son experiencias
colectivas antisistémicas, aunque sus participantes
no tengan todavía una idea cabal de ello, pero están en un proceso
cognoscitivo colectivo de adquirirla.
Siempre ha existido su práctica, aunque con otro nombre,
porque el trabajo colectivo para benefi cio de algún miembro de
la comunidad o para la comunidad misma existe desde siempre.
En México tenemos las experiencias del trueque, la mano vuelta,
el tequio, la faena, los domingos comunitarios, etcétera.
Las economías solidarias no son la solución para todos nuestros
problemas estructurales, pero sí la utopía a alcanzar que nos
da energía y fuerza con las que podemos trabajar en colectivo
para tratar de superarlos.
Las economías solidarias nacen de los excluidos de la sociedad,
como la mayoría de las alternativas en la historia de la humanidad,
y estos las regalan al mundo porque son economías para todos y
todas. No es una economía de pobres para pobres. Encierran una
perspectiva de transformación económica y social que puede ser
replicada tanto en las comunidades como en las micro, mediana
y grandes empresas. Es, pues, una economía para todos/as.
Frente a este panorama, lo que proponemos es desarrollar
experiencias de personas en comunidad, donde el valor de la dignidad
del ser humano se anteponga al dinero, la propiedad sea
social, la organización y la toma de decisiones sean democráticas,
exista un proceso de educación y capacitación, y desarrollemos una
cultura empresarial, el respeto y práctica de la interculturalidad,
la rendición de cuentas, la equidad de género, los mecanismostransparentes y efectivos de representación, y la conciencia de la
interrelación con todos los seres vivos que habitamos en la Madre
Tierra, que también es un ser vivo y nos da vida.
Este movimiento se caracteriza por demostrar en la práctica
cotidiana, en la casa, a comunidad, el barrio y el trabajo, que es
posible y necesario incorporar la solidaridad como elemento vertebral
de nuestros comportamientos económicos y de vida.
Entonces, entendemos que las economías solidarias son
utopías y que para acercarnos a ellas necesitamos construir puentes,
mediaciones, con prácticas pedagógicas colectivas que nos
permitan acumular conocimiento y experiencias para transformar
la realidad actual en una sociedad sin exclusiones en la que
quepamos todos y todas.

(…) Ante estas constataciones, desde las diferentes comunidades
de los pueblos originarios surge como respuesta y propuesta la
cultura de la vida, que corresponde al paradigma ya no individualista
sino comunitario, el cual llama a reconstituir la visión de
comunidad (común-unidad) de las culturas ancestrales, y para
ello, no solo se debe replantear la estructura y modelo económico, sino reconstituir la cosmovisión de la cultura de la vida, lo
que implica una nueva relación entre todos los seres vivos que
habitamos, soñamos, sufrimos y gozamos cobijados por la naturaleza
o la Madre Tierra.
En síntesis, de la conjunción de todos estos elementos: de la
crisis de humanidad y de vida producida por el neoliberalismo;
de las luchas indígenas y campesinas por la defensa de su autonomía,
territorio y dignidad, donde se va tomando conciencia del
papel que desempeñaron los pueblos originarios a partir no de la
conquista, verdad del colonizador, sino de su aportación al desarrollo
del conocimiento humano; del surgimiento de los mercados
alternativos basados en la solidaridad; de la toma de conciencia
ambiental tanto para producir como para consumir, y del
surgimiento de una economía y una cultura para la vida, se va
produciendo un nuevo fenómeno en el que se encuentran contenidas
prácticas alternativas, todos ellos elementos para la construcción
de un nuevo modelo de sociedad.

En definitiva, un texto (cuyo índice expandido os dejamos a continuación) con un montón de aportaciones que degustar pacientemente y digerir con sosiego y tranquilidad. Sin duda que notarmos su capacidad nutritiva. On egin.

 

ÍNDICE
Introducción ……………………………………………………………….. 9
Aspectos teóricos
CAPÍTULO 1
Crisis global y descolonialidad del poder: la emergencia
de una racionalidad liberadora y solidaria ……………………… 21
Boris Marañón Pimentel
CAPÍTULO 2
Hacia la racionalidad liberadora en los movimientos
sociales. Identidades y discontinuidades en un mundo
donde quepan muchos mundos …………………………………….. 61
Carla Beatriz Zamora Lomelí
CAPÍTULO 3
Comunidad y capital: un trazo general de
una historia antagónica ………………………………………………… 79
Sergio Tischler y Mina Lorena Navarro
CAPÍTULO 4
La reciprocidad como lazo social fundamental entre
las personas y con la naturaleza en una propuesta
de transformación societal ……………………………………………. 99
Dania López Córdova
CAPÍTULO 5
Kawsay (Buen Vivir) y afi rmación cultural: Pratec-Naca,
un paradigma alternativo en los Andes ………………………….. 121
Tirso Gonzales

Del discurso a la práctica: la simiente de una
racionalidad liberadora y solidaria
CAPÍTULO 6
Comunalidad y gestión social de los recursos naturales
en la Sierra Norte de Oaxaca ………………………………………… 143
José Gasca Zamora
CAPÍTULO 7
Comunidades Campesinas en Camino: una apuesta
indígena campesina para desarrollar una economía
solidaria y fraterna entre los hombres y con la tierra ……….. 165
Bartolomé Contreras, Enrique Zárate, Gerardo Pacheco,
Sergio Vásquez, Rosendo Montiel y Leónides Oliva
CAPÍTULO 8
Unidad, Desarrollo y Compromiso, Undeco:
el cooperativismo como opción de educación
y transformación social desde lo local ……………………………. 181
Marín Rubio López y Blanca Rubio Pacheco
CAPÍTULO 9
Economías solidarias y educación intercultural ………………. 195
Mario Bladimir Monroy Gómez (coord.)
CAPÍTULO 10
Contribuciones desde la gestión social del hábitat
para una racionalidad liberadora: el caso de la
Cooperativa de Vivienda Palo Alto ……………………………….. 213
Ninett Torres Villarreal
CAPÍTULO 11
Cooperativa de Trabajadores Democráticos
de Occidente (Tradoc, ex Euzkadi): cogestión
en una empresa recuperada por sus trabajadores ……………. 233
Sarya Luna Broda
Glosario ……………………………………………………………………… 253

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