En este blog llevamos ya mucho tiempo denunciando la obsesión del alcalde de Gasteiz contra la autogestión, y en qué consistieron sus primeras maniobras (Cuando la derecha (también la vitoriana) trata de apropiarse de la Autogestión y el Asamblearismo). Con el paso del tiempo Urtaran ha comprobado que no ha podido llevar la autogestión a su redil, y ésta sigue suponiendo en su día a día todo un cuestionamiento popular y social práctico de la forma de entender la política de aquellos que, como el alcalde de Gasteiz, en vez de desarrollar su labor como  representantes mandatados para cumplir la voluntad popular, se sienten los mandones de la sociedad y le exigen a ésta obediencia y disciplina, sin rechistar.

Así las cosas, la “derecha moderna” que pretendía representar Urtaran, ha decidido dejarse de “modernidades” y ha retomado las formas tradicionales: el ordeno, mando e impongo… sustentado en la fuerza represiva policial. Durante los pasados días ha ejecutado esta “política” en Errekaleor, y ha declarado que va a acabar con el barrio autogestionado arrasándolo.

¿Las razones? Está claro, porque, como ya hemos dicho más arriba, la autogestión pone en cuestión su sistema autoritario de practicar la política. Porque la gente de Errekaleor, y la autogestión, a quienes Urtaran intenta descalificar como “antisistemas”, no están en contra de cualquier sistema de organización social, sino del sistema autoritario de quienes, en vez de ponerse al servicio de los intereses populares, entienden la política como un cortijo donde unos pocos mandan, y el pueblo obedece. Por eso no es que estén en contra del diálogo con las instituciones, sino que no están dispuestas a admitir un diálogo condicionado, basado en que o decides lo que a mi me parece apropiado o acabo contigo.

Pero la voluntad, la solidaridad y el compromiso popular pueden constituir un torrente que con su fuerza consiga que incluso desde las secas aguas de Errekaleor vuelva a surgir luz que ilumine al barrio, desnudando de paso el sistema autoritario de Urtaran.

A eso nos convocan las gentes de Errekaleor Bizirik y  con estas líneas de urgencia os llamamos a estar atentas y sumarnos a sus convocatorias a todas las que apostamos porque la luz de Errekaleor siga alumbrando la autogestión comunitaria por estas tierras vascas.

En contra de la imagen distorsionada, manipulada y criminalizadota que Urtaran, hace ya tiempo que un amigo de este blog, Raúl Zibechi, que estuvo de visita en Errekaleor, dejó escrito lo que allí había visto:

 

Cuando la resistencia es la alternativa

Raúl Zibechi, mayo 2016

(…)

UN BARRIO AUTOGESTIONADO. Los jóvenes que ocupan Errekaleor saben que es el barrio autogestionado más grande de España. “Errekaleor Bizirik” (Errekaleor vivo), es el lema que los impulsó tres años atrás a recuperar un amplio espacio nacido en la década de 1950 para acoger a los campesinos que llegaban a trabajar en la pujante industria alavesa.

Son 192 viviendas en bloques que albergaron en los momentos de esplendor a 1.200 personas, “en la periferia de la periferia de la ciudad”, como dice uno de los textos del barrio. Está rodeado de campos de cultivo y de un gran emprendimiento urbanístico que se quedó vacío cuando se pinchó la burbuja inmobiliaria. El municipio de Vitoria comenzó a realojar a los viejos pobladores en otras zonas con el objetivo de derribar todos los bloques, porque Errekaleor está situado en la franja de expansión de las grandes inmobiliarias.

El barrio estaba semiabandonado cuando un grupo de estudiantes tomó la iniciativa, en setiembre de 2013, de comenzar a repoblarlo. Acordaron con los pocos vecinos que aún quedaban para ocupar algunos bloques y de inmediato reabrieron el cine y el frontón, reformaron viviendas, plantaron una huerta y realizaron una amplia programación cultural utilizando a la iglesia como centro juvenil para conciertos, que es una de las formas como financian el proyecto.

Tres años después ya son 120. Abrieron una panadería y montaron un gallinero, porque trabajan por la soberanía alimentaria. Instalaron placas solares para alcanzar la soberanía energética. Utopías capaces de entusiasmar a unos cuantos habitantes de Vitoria que visitan por decenas el barrio autogestionado. De algún modo es una forma de disuadir al Ayuntamiento, que trató de forzar el desalojo a medida que el proyecto fue creciendo y ganando simpatías.

Las autoridades les cortaron tiempo atrás el suministro de luz con la excusa de que las instalaciones vetustas podían provocar accidentes. Decidieron hacer las comidas en las zonas comunes que tienen electricidad y las aprovechan para planificar las asambleas de los domingos. En el municipio cuentan con la complicidad del partido independentista vasco Bildu. A principios de mayo abrieron el barrio a la ciudad, montaron un mercado popular donde venden los productos de la huerta y de los talleres, sirvieron comidas, armaron bailes, zonas de juego para los niños y mostraron documentales.

No ha sido sencillo explicar a los que no son militantes que se trata de un proyecto integral, no sólo de vivienda. Un par de vecinos violentos fueron expulsados del barrio, cuando sus parejas aceptaron la propuesta de las mujeres jóvenes de combatir la violencia machista. Las ocupantes feministas montaron un grupo de apoyo a las mujeres golpeadas.

Cada cierto tiempo realizan un auzolan (trabajo colectivo, en euskera) al que asisten personas procedentes de todos los puntos del País Vasco. Colaboran en la pintura de murales, en la ampliación de la huerta, en la educación alternativa o simplemente en la limpieza. Los movimientos sociales se vuelcan en apoyo de la autogestión y parecen alertas ante un posible desalojo.

Jonbe Agirre, uno de los jóvenes estudiantes que participan desde el comienzo, dice que “al principio era un proyecto muy ligado a los jóvenes pero con el tiempo vimos que aquí pueden vivir personas de los más variados perfiles si comparten las bases del proyecto”. Las mayores energías hasta ahora las dedicaron a rehabilitar las viviendas que, con escasas diferencias, han sufrido un largo proceso de deterioro por abandono y humedades.

(…)“Esto me recuerda lo que vivimos allá”, dice Fabricio, un argentino que integraba el piquetero Frente Popular Darío Santillán y que ahora vive con su pareja y su hijo en Errekaleor, en la periferia de Gasteiz/Vitoria. Es que las crisis parecen despertar la creatividad de los seres humanos, a partir de recuperar tradiciones hurgando en la memoria comunitaria común a la especie.

 

 

 

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