En un anterior post en el que comentábamos los esfuerzos desde el Poder y sus adláteres por intentar vaciar de contenido a algunos de los conceptos referidos a lo comunitario, al común, los bienes comunes, el auzolan…, prometíamos que:

Desde ese planteamiento en KTT volveremos sobre estas cuestiones, intentando tanto traer a estas líneas realidades comunitarias que ya existen, como acercando textos y debates que permitan dotar de contenido y definir con claridad y precisión esos conceptos.

Pues bien, vamos a intentar empezar a cumplir esa promesa. Para ello creemos que puede ser muy indicada la transcripción que hoy os ofrecemos de la intervención que con el título “Horizontes Comunitarios Populares” (descargar aquí) realizaron “dos viejas amigas” de este blog, Raquel Gutiérrez y Lucía Linsalata, en 2015, en el marco del Seminario de Análisis de Economía Política: extractivismo, conflictividad socioambiental y luchas comunitarias en México. Creemos que a su ya en otras ocasiones alabada capacidad para unir compromiso militante y labor intelectual, en esta ocasión le suman el difícil arte de comentar cuestiones más o menos abstracta en un lenguaje muy accesible, acompañado de ejemplos y vivencias personales que facilitan aún más la comprensión.

Pero a pesar de que el título de este post y la promesa que en su día hicimos puedan llevarle a alguien a pensar que este texto va de definiciones académicas, nada más lejos de la realidad. Raquel y Lucía nos describen características de lo Comunitario Popular, pero rehuyendo las definiciones, porque como comenta Raquel en la parte final del video (y así os sirve para “hacer boca”):

Yo quiero abordar la pregunta de la definición. Porque preguntarse por la definición es muy complicado, porque es pedir que fijemos la cuestión. Entonces, sobre la comunidad, hay a quien le gusta una discusión que puede glosarse en 36 tomos, que va a plantearse justamente el establecer los rasgos vitales, qué características corresponden a una comunidad, etc… pero cada vez que tenemos una definición, ¿qué vamos a hacer con aquello que desborda la definición? Ese ha sido un problema siempre.

  El que tiene derecho de definir casi siempre es el dominante, y entonces hay una impugnación de definición, un desborde de la definición, y un intento nuevamente de capturar esto por parte del poder. En tal sentido es que nosotros tratamos de eludir el problema de la definición -quizá con una estrategia un poquito barrocona y enredada- de tratar de hacer cuestiones abstractas, de tratar de hacer generalización, y la generalización va a ser abstracta. Es decir, de detectar rasgos generales compartidos, nunca idénticos. Y en tal sentido una especie de imposibilidad de definir.

 Por eso siempre estamos como moviéndonos tratando de escapar a la obligación de definir. Un poco a la manera de cómo hoy fue el acercamiento, tratando de acercar estrategias, tratando de ir describiendo un cómo, y tratando de convocar a pensar que este cómo no es ni rural ni urbano, no es ni… es una capacidad humana, que además esta capacidad humana nunca es individual, porque cada quien fue parido, cada quien fue construido su psique, su capacidad de entender, etc. , y su capacidad de volver a significar, y de volver a compartir, y de volver a enlazarse.

 Esa cuestión tan general, tan general, de lo compartido, de lo que nos es común, en tanto que cada quien en modo singular, o sea nunca igual al otro, pero de alguna forma compartida. Eso es lo que estamos tratando de aprehender, de pescar, para poder decirlo con palabras, pues nuestra chamba de teóricos es eso, es entender cosas y decirlo con palabras, y tratar de que sirvan para algo. Entonces por eso no nos metemos tanto a la cuestión de definir, porque ahí hay un problema estructural, es un problema de que la definición es normativa.

 En tal sentido yo vuelvo sobre la idea de esta estrategia del hacer, de esta estrategia de solución de problemas, esta estrategia de acometer necesidades, y entonces poder entender –como dice Mina casi siempre- entender lo común como categoría crítica, como una categoría que siempre se está rehaciendo, y como que siempre es dinámica y dialéctica, y no exenta de tensión.

 Es decir, nos fijamos en el vínculo, nos fijamos en la forma del vínculo; en la forma en la que se establece la relación de aquello que se produce y se comparte, o de aquello que porque se comparte se vuelve a reproducir; sea una lucha o sea una fiesta, o sea un sistema comunitario de agua periurbano, o sea un tal… No es lo mismo, no es que queramos meter todo en una especie de saco opaco donde todo sea parejo y ya no distingamos nada, sino que es exactamente al revés, queremos distinguir lo que es compartido pero siempre es ocultado porque sistemáticamente estamos siendo compelidos a mirar con otros lente, a mirar con otros ojos, de tal manera que esto siempre va a ser oculto, siempre va a ser invisible, y además siempre va a estar ocurriendo bajo amenaza de destrucción, porque estas potencia que se van generando en cualquier parte, inmediatamente son ubicadas y se tratan de fragmentar y de cooptar… bueno, ustedes están en la pelea y saben de qué estoy hablando. Por eso lo nuestro es un poco este intento de nombrar estas cosas.

 

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