Imaginemos que alguno de los palacios y casonas abandonadas del barrio se transforma en un edificio de vivienda colectiva en alquiler público, pagando en función de las capacidades de cada quien a partir de una valoración de sus ingresos (por ejemplo, el Eskoriatza Ezkibel y su anexo darían para ello). En otro edificio un centro de acogida transitoria para mujeres con criaturas a su cargo (por ejemplo, el Maturana Verastegui, que iba a ser el Centzo ZAIN). En un tercero se abre la “Casa Trans”, gestionada por el colectivo Transgénero (si a Talka no le parece mal podría ser el de los Álava Velasco). O que entre varias viviendas vacías de diferentes edificios próximos (la calle Cubo, por ejemplo, tiene un montón) se constituye una cooperativa dispersa basada en la ayuda mutua, la autogestión, la democracia directa, con el objetivo de generar propiedad colectiva de corte comunitario para grupos en situación de vulnerabilidad social. Y todo ello con el impulso (que no el protagonismo) institucional. No son  sueños. Al menos en Montevideo hoy en día son ya realidades. Es decir, que poder se puede. Conozcamos esas iniciativas.

Cuando alguna vez hemos coincidido en alguna charla, debate o acto, con alguien de la administración municipal y hemos reivindicado la rehabilitación social del barrio, lo que hemos constatado en la mayoría de los casos es que ni siquiera se le ocurre qué narices podría ser eso de la rehabilitación social y qué papel podría jugar en ello la administración local. Si en alguna ocasión han estado dispuestas a escuchar y hemos explicado la cuestión, poniendo algunos ejemplos, definitivamente nos han tomado por ingenuas y/o utópicas que no vivimos en la realidad. Pero el problema es el contrario, son ellas las que viven encerradas en su micromundo de extrechas miras sin conocer otras realidades. Ni les interesan esas otras realidades, ni están dispuestas a ‘salirse del guión’ preestablecido. Hablamos, insistimos, de personal administrativo con distintos niveles de capacidad de decisión. De los (i)responsables políticos, mejor ni hablamos.

Pero, lo que aquí es considerado como utopías trasnochadas, resulta que en otras zonas son realidades constatables. Con sus luces y sus sombras, pero con su caminar abriendo puertas (en el más amplio sentido de esta expresión). Y es bueno que conozcamos esas otras realidades, porque aportan ideas y propuestas que nos pueden ser muy útiles a la hora de plasmar reivindicaciones… o de poner a construir con nuestras propias manos esos sueños que nos intentan arrebatar.

El primer ejemplo que queremos acercar de cómo se pueden llevar a cabo iniciativas para la rehabilitación social de un Casco se basa en la experiencia del Proyecto fincas llevado a cabo en el barrio de la Ciudad Vieja de Montevideo. Veamos cómo describen el proyecto:

La implementación se desarrolla mediante un procedimiento que, utilizando herramientas legales vigentes, habilita para actuar sobre el suelo urbano privado abandonado, para su uso público, ya sea con fines comunitarios o de vivienda social

Esta recuperación de inmuebles abandonados en el área central e intermedia de la ciudad procura contribuir a resolver problemáticas asociadas al abandono: riesgo edilicio, deterioro ambiental, conflictividad social y seguridad ciudadana

Se interviene sobre los inmuebles cuyo abandono pueda comprobarse y en los que su deuda con la Intendencia supere el valor de tasación

(…) De las 336 viviendas relevadas por la Agencia Nacional de Vivienda fincas en Ciudad Vieja y Centro de Montevideo, de las 66 que resultaron viables se eligieron 26 para esta etapa del proyecto, eran fincas en riesgo edilicio, ambiental y social, ubicadas en el entramado urbano, con todos los servicios, y que suponen una recuperación de pasivos para la IM

Se trata de dar prioridad al uso colectivo del suelo urbano, de generar propiedad colectiva, de corte comunitario para grupos en situación de vulnerabilidad social, colectivos que gestionan vivienda, (grupos que demandan poder alquiler, cooperativas de vivienda, mujeres con hijos víctimas de violencia doméstica, colectivos trans, comisiones barriales, etc.);de propender a un Montevideo más justo e igualitario, ocupando suelo urbano vacante, atacando la gentrificación de barrios como Ciudad Vieja, apoyando el afincamiento en el barrio, de disputarle al capital cada pedazo de suelo urbano con valor de uso social y no privado

La plasmación práctica de la teoría se concreta en 5 proyectos:

Se presentaron cinco proyectos comunitarios y de vivienda social para la recuperación de las fincas abandonadas:

    1. Centro de estadía transitorio para mujeres con niños, niñas y adolescentes a cargo, en el marco de un acuerdo con MIDES
    2. Centro diurno para personas en situación de calle, en el marco del espacio Intercalle del que participan varias instituciones
    3. Cooperativas dispersas, en acuerdo con la Dirección Nacional de Vivienda del Mvotma, se otorgarán fincas a las federaciones vinculadas al cooperativismo de vivienda para la construcción de cooperativas de implantación dispersa
    4. Alquiler social, la finca será gestionada por la Dirección Nacional de Vivienda, que se encargará de la implementación y financiación de un programa de alquiler de vivienda social
    5. Casa trans, con un fin comunitario social y recreativo la gestión del espacio será llevado adelante por colectivos que promuevan el ejercicio de derechos de la población trans mediante el desarrollo de acciones afirmativas

Por lo que pueda tener de útil para el barrio, destacamos, por ejemplo, cómo desde el movimiento vecinal la cuestión de la cooperativa dispersa se enfoca como una herramienta para hacer frente al riesgo de gentrificación:

La comisión de vecinos de Plaza Uno, preocupada por el fenómeno de la gentrificación ha planteado la necesidad de generar estrategias de arraigo en el barrio:

“Nosotros lo que visualizamos como vecinos del barrio y como personas que estamos interesadas en construir comunidad, vemos que a veces chocamos con intereses de otros agentes que también están intentando incidir en la construcción del barrio. Por un lado tenemos todo el desarrollo del turismo, y por otro lado tenemos también todo lo que tiene que ver con la especulación inmobiliaria, y lo que tiene que ver con el valor del suelo. Es un barrio que tiene mucho potencial, porque tiene vista al mar, porque es un Casco histórico, porque tiene oficinas, porque está en la centralidad de la ciudad… eso puede generar ganancias para gente que viene a invertir, comprar, cuando era barato, cuando estaba más deprimida la zona, aprovechar que se empieza a levantar el barrio para después vender más caro y generar ganancias… pero lo que genera a su vez también es expulsión de vecinos que no pueden cubrir esa subida de precios.”

Para combatir este fenómeno de la expulsión de la población residente de Ciudad Vieja es que nace la idea de ‘cooperativa dispersa’

Como lo define Alicia Manfiro, presidenta de la FUCVAM (Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Apoyo Mutuo):

Es todo un desafío, pero es necesario si somos coherentes con ese discurso de que hay que volver a ganar el centro de la ciudad, si somos coherentes con la necesidad de la vivienda digna para todos los uruguayos y ese arraigo a las zonas, que para nosotros es importante, que implica repensar nuevas formas de cooperativismo, que no tengan diferencias con lo que es la base de nuestro sistema: la ayuda mutua, la autogestión, la democracia directa, la propiedad colectiva, fundamental para nosotros. Pero bueno, que pueda también pensarse en estas nuevas características de la ciudad que para nosotros son muy importantes

Acerca de todo ello han elaborado un esclarecedor video, que es con el que cerramos esta primera parte sobre experiencias reales y posibles de rehabilitación social de un barrio:

 

Un último apunte. En modo alguno pretendemos ensalzar como institución ejemplar a la Intendencia de Montevideo. Aunque en este caso la institución municipal respete la iniciativa popular y la impulse (tiene bastante que ver que la directora de desarrollo urbano, Silvana Pissano, sea una arquitecta feminista con vinculaciones al movimiento popular) no pensemos que la cuestión es mérito de una institución que se mueve con otros criterios y que practica una política de apoyo a las personas más débiles. Esa misma institución, la Intendencia de Montevideo, no ha tenido ningún reparo, el pasado mayo, y en plena pandemia, de desalojar una okupación sobre un terreno municipal abandonado llevada a cabo por 22 familias con 34 ciraturas, algunas vecinas de la zona donde se había okupado, que habían llevado adelante la okupación por, a causa de la pandemia, no tener forma de hacer frente a sus alquileres habitacionales:

La Policía desaloja a ocupantes de predio municipal en Malvín Norte

Se trata de 22 familias con 34 niños, que hace más de un mes que se instalaron en un terreno municipal.

La Policía desarrolló un operativo este jueves para desalojar a unas 22 familias, que tiene 34 niños en total, que están ocupando un terreno municipal en la zona de Malvín Norte desde hace más de un mes.

Este predio estaba abandonado desde hace más de dos años, según el relato de los habitantes, por lo que resolvieron limpiarlo y edificar viviendas precarias.

Algunos de ellos son vecinos de la zona, que al no poder pagar sus alquileres a causa de la emergencia sanitaria, decidieron ocupar el terreno.

“Nos asesoramos para saber de quién era y tomamos la decisión de venir para acá a limpiar y agarrar ese terreno porque no tenemos dónde vivir”, denunció uno de los habitantes.

La rehabilitación social, tal y como hemos visto, parece bastante menos utopía de lo que muchos quisieran. Una institución municipal de una democracia formal que trabaje desde y por los intereses de las personas más desfavorecidas como objetivo primordial, es, como dicen en Centroamérica, bastaaaante más utópico.