Tomada de Arabadok (Signatura anterior: 315, rollo E-6 I Signatura copias: Carpeta 163 – Positivos 23333 a 23334 Signatura originales: Rollo 35mm, nº 90) 1953, probablemente de Alberto Schommer

Esta pequeñísima calle del Casco tiene algunas curiosidades que merece la pena recoger, explicando algunas de ellas la interrogación que aparece entre paréntesis en el título.

Por un lado, que posiblemente sea la única (o de las muy pocas) calles de Gasteiz cuyos letreros están puestos solo en euskera. Porque esta pequeña calle (con algo menos de 30 metros de longitud, y sin ningún edificio de viviendas) cuenta con dos placas señalizadoras de su denominación, y las dos están solo en euskera (Gasteiz Kalea) como podemos ver en la siguiente foto tomada del blog Conociendo Álava

 

La calle Gasteiz, en el Cuaderno de Rotulación de Calles y Numeración de Casas de 1887 (año en el que se creó) aparece así definida:

Calle de Gazteiz:

Nombre primitivo. Se le dió este título en 12 de octubre de 1887, y se halla enclavada entre las calles de Santa María y Escuelas, sobre la parte central de “El Campillo”. No tiene edificios.

Especifica también que pertenecía a la Vecindad de Villasuso

 

El “alto de la refriega o del combate”

Con la grafía de su nombre, y su significado, los documentos municipales guardan también curiosidades. Así, por ejemplo, en el Nomenclator de 1910 aparece escrita con tilde, “Gastéiz”, algo que se repite también en el Nomanclator de 1920. Pero, además, en el Nomenclator de 1910 nos dan la siguiente explicación sobre el significado del nombre de la calle:

En lengua castellana significa “alto de la refriega ó del combate”

Los Nomenclator de 1920 y 940 mantendrán esta más que curiosa interpretación del significado de Gasteiz, aunque reduciéndola en parte y dejándola en “alto del combate

Lo curioso es que hoy en día en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, se abunda en esta traducción:

Como dijimos al principio, la actual Vitoria, antes del siglo X se llamó Gazteiz. Según un documento que existe en el Monasterio de S. Millán que significa alto de la refriega o del combate de gaitea, refriega, y riz, alto pequeño o colina.

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/linajes-vascos-en-chile–0/html/ff75df54-82b1-11df-acc7-002185ce6064_7.html#I_30_

El origen de tan curiosa traducción (al menos en lo que al documento de 1887 se refiere) casi con seguridad hay que atribuírselo a Becerro de Bengoa quien en 1880, en el número 11 de la segunda época de la Revista de Aragón (10 de diciembre de 1880) publicaba un trabajo titulado Etimologías alavesas. Ensayo de traducción castellana de los términos locales de la provincia de Alava, en el que incluía el siguiente párrafo:

Vitoria.—Se llamó Gazteiz, antes de que D. Sancho el sábio de Navarra la repoblara y fortificara en 1181. Hay en el país muchas localidades terminadas en iz-itz; y todas ellas están sobre un alto pequeño ó inmediatas á él. Iz significa colina, y en ella estuvo Gazteitz, y Vitoria la primitiva, que en un principio, cuando recibió este nombre, no tuvo más que un solo barrio, el murado; y que no se formó con las ruinas de otros pueblos. Gaitea significa refriega, y bien pudo querer decir Gazteiz «alto de la refriega ó del combate,» más lógica interpretación que alto de los jóvenes derivándose de gaztea, y que «alto de la queseria» de gastay queso.

Es verdad que esta traducción un tanto temeraria se puede entender desde la introducción que escribe (desde Palencia) el propio Becerro de Bengoa:

En demostracion de mi vivo deseo de coadyuvar al excelente pensamiento de V. de la publicacion de una obrita etimológico-descriptiva de nuestro pais, he emprendido hace rato la tarea de dar nuevos repasos á la Gramática eúskara, y de confeccionar, para mi uso, un breve vocabulario Vasco-castellano, de que carezco en esta apartada comarca, donde los pocos vascongados que hay, no aciertan á entender la composición de la mayor parte de las palabras, que designan pueblos, rios, montes y demás nombres topográficos de nuestra tierra.

Con pocos elementos cuento para arreglar este incompleto bosquejo, pero mi buen deseo y mi aficion aspiran á suplirlos, ayudándome además en tal trabajo el conocimiento que, acerca de la situacion y condiciones especiales de los términos alaveses, he adquirido en mis correrías por casi todos los pueblos de aquel suelo. Confio en que su pericia inteligente de V. en este asunto corregirá mis errores, y que nos auxiliarán poderosamente á dar cima á la obra, nuestros buenos amigos de Guipúzcoa y Navarra. Nunca hasta hoy, que yo sepa, se ha emprendido en Álava, la interpretacion de sus nombres topográficos; asi es, que como primera tentativa supongo que ha de ser un tanto aventurada la mia. Sin embargo, hemos de corregirla en amor y compaña, y nuestro libro será en conjunto un pobre homenaje hecho al monumento más glorioso que conserva España y con ella su historia, de los primitivos pobladores: el vascuence.

Es decir, que no deja de ser una traducción de andar por casa plagada de buenas intenciones. Sin embargo, como desgraciadamente sucede con demasiada frecuencia en ciertos ámbitos académicos y administrativos, lo que comienza siendo una ocurrencia, al ser la ocurrencia de alguien reconocido, termina adoptándose como verdad oficial, que es lo que sucedió al incorporar la traducción a los Nomenclator.

No es esta la única contribución de Becerro de Bengoa a la calle Gasteiz, ya que, 10 años antes de su creación, en 1877, en su obra El Libro de Alava, propuso ya la creación de la calle, aunque con otra ubicación, también en el Casco:

Parten de la plazuela tres calles: La del centro llamada de Santa María, cuyo nombre debe cambiarse por el de Gazteiz, en memoria de la población primitiva.

Como ya hemos visto, le harían caso solo en parte.

 

Las quintas iglesia y torre

Resuelta la cuestión del porqué de la referencia al “alto de la refriega” en el título, vayamos con lo referente a la quinta torre. Aunque en realidad deberíamos decir “torrecita”. Sucede que en el espacio hoy en día ocupado por el Centro Cívico El Campillo, y teniendo como fachada norte la calle Gasteiz, existió a mediados del siglo XVIII (y por solo durante unos 15 años) una gran iglesia colegial de los jesuitas, tal y como recoge Eneko Ortega Mentxaka en su El efímero colegio jesuítico de San Fernando de Vitoria-Gasteiz. De la construcción al programa decorativo (Revista Sancho el Sabio, nº 40, 2017):

Tras la fundación en Vitoria-Gasteiz en 1751, los jesuitas se instalaron provisionalmente en el palacio de Villa Suso, donde dispusieron de un pequeño oratorio para dar servicio a la reducida comunidad con la que contaban. Los trabajos de construcción de la nueva iglesia y colegio de San Fernando comenzaron inmediatamente. La Compañía de Jesús estuvo alojada en este lugar hasta que en 1756 se dio por finalizada la construcción de la nueva iglesia colegial que ocupó un gran espacio urbano en el Campillo

(…) Esta nueva iglesia estuvo ubicada en el Campillo (Fig. 2): al oeste lindaba con la calle Santa María (o calle del medio); al norte con la calle Gasteiz (prolongación del cantón de Santa Ana); al este con la calle de las Escuelas (o calle antigua); y al sur con un solar propiedad de los jesuitas, que llegaba hasta la calle Arrieta. La iglesia ocupaba, por tanto, el espacio en el que se levanta el Centro Cívico El Campillo en la actualidad y el terreno aludido se corresponde con la actual cancha polideportiva cubierta.

Las dependencias colegiales o residenciales estuvieron situadas muy próximas a esta iglesia: al oeste estaban limitadas por la calle de las Escuelas (o calle antigua), frente a la iglesia; al norte por el cantón de Santa Ana; al este por la muralla primitiva que corría paralela a la calle Cuchillería; y al sur por un segundo solar propiedad también de la Compañía de Jesús, y que llegaba hasta el cantón de San Francisco Javier. Hoy en día, sobre el lugar que ocupara el antiguo colegio jesuítico se levanta el Colegio Público Ramón Bajo, y sobre el mencionado segundo solar, viviendas particulares y el antiguo edificio de la Escuela de Artes y Oficios.

Una descripción todavía más detallada, que además nos permite conocer qué diferente era realmente esa zona a mediados del siglo XVIII en comparación a lo que hoy conocemos, nos la ofrece Vicente González de Echávarri en el tomo III de su Alaveses Ilustres (1900):

Y para que nuestros lectores se formen idea del sitio que ocupaba la residencia é iglesia, daremos los siguientes detalles tomados de una escritura pública (1) La Casa colegio con su patin ó jardin, reducido, y hasta el confin de la pared maestra de la iglesia confina por las otras partes es á saber por el poniente con calle antigua que media entre ella y el campo (hoy calle de las escuelas) por el Norte con cantón y portal de Santa Ana y casa del cabildo eclesiástico de la insigne Colegial de Santa María de esta Ciudad (que luego fue del polvorista Aguirre y hoy sus ruinas han servido para el ensanche del cantón) por el Oriente con la muralla y huerta ó jardin de otra casa de dicha colegiata (donde hoy vive la Sra. Directora de la Normal). Venía pues á ocupar la casa residencia próximamente el terreno que hoy abarca la Escuela Normal de Maestras.

De su frente, formando medianería con ella y paralela al cantón de Santa Ana (se denomina en este trozo calle de la Sociedad vascongada) perpendicular á dicha casa estaba la iglesia de San Fernando que cortaba la calle antigua (hoy de las Escuelas) lindando por consiguiente por Norte con cantón de Santa Ana, Mediodía campo, Oriente casa residencia y Poniente calle del medio de Suso (calle de Santa María).

Eran propiedad de los Jesuitas, dos campos, uno se encontraba frente á la casa residencial, “de figura cuadrilonga, á excepción de lo que le entra al pié de dicha iglesia y el tránsito en su confin, demarcado con paredes bajas y algunas gradas de piedra, confina por Oriente, con la calle antigua (Escuelas) y dicho tránsito del pié de referida iglesia, por el Mediodía con callejón y calzada que de parte de la calle de la Cuhillería corre para la de la Correría, (hoy calle Arrieta), por Poniente con calzada de la calle del medio de estos campillos, de la villa de Suso y por el Norte con la iglesia de S. Fernando.” Es decir, que la iglesia de San Fernando, se extendía en la línea de la calle de la Sociedad, desde la esquina de la Escuela Normal de Maestras hasta la calle de Santa María y entre ella y este Campillo ocupaban lo que son las casas de Echávarri ó Delegación de Hacienda y su huerta. El otro campillo lindaba por Norte con el Colegio, Oriente con la muralla, Mediodía cantón y Poniente calle vieja, ó sea el terreno que desde la Escuela Normal de Maestras llega al cantón de S. Francisco Javier donde hoy esta instalada una casa particular y la Escuela de Artes y Oficios.

El terreno ocupado por los Jesuitas era pues grandísimo, pues abarcaba en conjunto desde la muralla antigua, que separaba la Cuchillería del Campillo, hasta la calle de Santa María, de Oriente á Poniente, y de Norte á Sur, desde los cantones de Santa Ana y Sociedad vascongada hasta el depósito de aguas ó calle de Arrieta y cantón de S. Francisco Javier.

(1) Archivo notarial de protocolos. Notaria de Jorge Antonio de Azua, Año 1767, 16 de Diciembre, folio 629 vuelto.

Pero antes hemos comentado que estas iglesia y casa colegio de los jesuitas tuvieron una vida muy breve. Las causas de ello nos las detalla Eneko Ortega basándose en Landazuri:

La vida del colegio vitoriano apenas duró una década, pues la expulsión de la orden ignaciana conllevó el abandono de las obras de construcción de las dependencias colegiales y el derribo de la iglesia. Tras más de dos siglos de presencia jesuítica en territorio hispano, Carlos III decidió expulsar a la Compañía de Jesús de todos sus dominios y, a la vez, se incautó de todos sus bienes. El 2 de abril de 1767 se firmó la orden recogida en la Pragmática Sanción del monarca, que cogió a los jesuitas por sorpresa, pues su preparación se había llevado en el más absoluto secreto.

(…) El destino de este efímero colegio vitoriano después de la expulsión de los jesuitas quedó sellado el 29 de marzo de 1769, cuando el Consejo Extraordinario estableció que “por no ser proporcionado en el estado actual para destino útil, se secularice, y conceda á la Casa de Misericordia, que se está fundando en la misma Ciudad de Vitoria, á efecto de que le reduzca á viviendas, y con su producto concurra en parte á la ereccion del Hospicio”. Landazuri recoge cómo se llevó a la práctica esta disposición en 1770: “se demolió, y arruinó todo el edificio. Quedó tan extinguido, y arruinado, que despues de haberse extraído de él todos sus materiales para emplearlos en otras obras, quedó, y permanece el sitio reducido à Campo, y Egido público”.

Caramba, caramba con cómo se las gastaba Carlos III y las rencillas entre diferentes congregaciones (que es lo que se esconde tras la expulsión, pues con el poder de la Iglesia oficial se toparon). Pero, centrándonos de nuevo en lo nuestro, Eneko Ortega se lamenta de que no existan reproducciones gráficos o pictóricas de la iglesia:

Lamentablemente, en la actualidad no se conserva ningún resto arquitectónico de la iglesia ni del colegio de la Compañía de Jesús. A esta ausencia de vestigios físicos hay que sumar, además, la falta de reproducciones gráficas o pictóricas coetáneas que nos permitan hacernos una idea del aspecto que estos edificios pudieron tener. Estas carencias nos conducen a recurrir a las fuentes literarias. No obstante, en estas tampoco encontramos una descripción detallada, sino simples menciones secundarias, que, en conjunción con las otras iglesias que la orden ignaciana construyó en el País Vasco, permiten una aproximación a la imagen real del templo jesuítico. Para empezar, se habla de una “Iglesia muy capaz con siete Altares primorosamente adornados”. Se menciona también el “oratorio que tenía dicho Colegio al par de la sacristía”.

Y así parecía ser, hasta que hace unos años apareció una pequeña pieza pictórica de Benjamin Zix and Constant Bourgeois, titulada “Arrivée de l’Empereur Napoléon 1er au palais du roi Joseph à Vittoria” donde, como señala Ismael García-Gómez:

Me gustaría sin embargo llamar la atención sobre un detalle curioso. Me refiero a esa suerte de tejado puntiagudo que se ve asomar detrás del edificio de la derecha, que yo diría se trata del Palacio de Echábarri (actual Centro Cívico de El Campillo).

Por su parecido con el remate de la propia torre de Santa María, se parece al tejado de otra torre, acaso otra torre-campanario, pero ¿de qué templo? En esa localización no me cuadra mucho, pero por otro lado no parece inventada, sobre todo dada la fidelidad que guarda el resto de la ilustración con respecto a los datos que conocemos.

Con muchas reservas, sólo me cabe una idea, que se trate del remate de la pequeña espadaña que los jesuitas colocaron sobre el acceso del llamado Oratorio de San Fernando, el cual, sabemos por Landazuri, se construyó en la primera mitad del siglo XVIII “en la misma casa en que a la sazón habitaban los dos Padres Jesuitas en la Villa de Suso”.

He aquí el cuadro y su detalle, los dos tomados del blog de Ismael García-Gómez:

 

Se trataría entonces de una pintura donde sí queda recogida, aunque sólo sea la torre de la iglesia de los jesuitas, esa que denominaos en este post quinta torre. Pero esta hipótesis tiene un problema, como recoge el propio Ismael García-Gómez: que la visita de Napoleón a su hermano fue en 1808, cuando, según Landzuri, la iglesia se había derribado completamente en 1770.

Si entramos tanto en esta cuestión es para remarcar una vez más que hay que tener mucho cuidado con el relato histórico que nos llega, incluso de personas de reconocido prestigio, pues sobre errores por ellas cometidas se erigen lecturas de hechos que no responden a la realidad pero terminan figurando en los libros de Historia. Con esta misma iglesia de los jesuitas tenemos otro claro ejemplo, pues el propio González de Chávarri reconoce en referencia a lo por él escrito en un anterior tomo de su obra (Tomo I, biografía de Verástegui) que:

(…) la incuria de un escribano al levantar las actas del Ayuntamiento de 1778, hizo decir á varios escritores y á nosotros que la residencia de los Jesuitas había sido la casa de Legarda en la Zapatería

 

Otras curiosidades de la calle Gasteiz

Con todo lo pequeña que es la calle, no es la única referencia a edificios señalados que se ubicaron en ella. Venancio del Val en su Calles Vitorianas de 1979 recoge que:

En el segundo tramo de la calle [Santa María] y en la segunda mitad, confinante con la calle de Gasteiz, se encuentra el edificio de la Comandancia de Obras del Ejército, donde por la segunda década del siglo también estuvo instalada la Zona de Reclutamiento, que luego se trasladó a la última casa de la calle y posteriormente a la calle del Marqués de Urquijo. También ha estado el Depósito de Caballería. En el mismo edificio funcionó algún tiempo el colegio de los clérigos de San Viator, al llegar a Vitoria, así como el de los marianistas. Igualmente sirvió de palacio episcopal.

En la esquina de la calle de Gasteiz [con la calle Las Escuelas] debió estar el primitivo teatro vitoriano.

La pequeña calle, tiene también su espacio dedicado tanto en la Wikimedia, como en la Wkipedia en euskera, ofreciéndonos esta última los datos sobre sus coordenadas: 42° 50′ 58.67″ N, 2° 40′ 20.35″

Finalmente, y como vamos a ver a continuación, parece que el rincón de la calle Gasteiz que hace esquina con la calle Santa María tenía un cierto encanto para Schommer (creemos que en la mayoría de los casos, padre), a la vista de las diversas fotografías que sobre él realizó.

Fuente, Arabadok: Signatura anterior: 315, rollo E-6 I Signatura copias: Carpeta 163 – Positivos 23333 a 23334 Signatura originales: Rollo 35mm, nº 908. Schommer 1953

 

Schommer 1955

 

Schommer, 1956